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La Coctelera

IDEAS PARA UNA NUEVA GESTIÓN POLÍTICA

“ La planificación a largo plazo no es pensar en las decisiones futuras, sino pensar en el futuro de las decisiones actuales”

23 Febrero 2006

carta abierta a los radicales

CARTA ABIERTA A LOS RADICALES
Estimado correligionario:
La profunda crisis de nuestro partido, y la inminente convocatoria a elecciones internas me lleva a hacerle llegar estas reflexiones, de donde surgen claramente las raíces de la decadencia radical iniciada al mismo tiempo que la llegada al poder a principios de siglo.
Hasta 1916 la máquina partidaria sirvió con eficacia los propósitos que le dieron origen. Había una idea central dominante: el sufragio libre, causa motor del partido y aspiración vehemente de una época. Fueron sus líderes quienes con mayor tesón, con mayor pureza, lucharon por esa aspiración, contribuyendo a crear una conciencia del derecho en el pueblo argentino. Llegó el triunfo en 1916. Desalojó a las oligarquías políticas de las provincias. Y quedó como girando en el aire. No se atrevió a consumar la revolución radical – como gustaba decir Yrigoyen- destruyendo los privilegios de la oligarquía económica. Se limitó a una política social oportunista, actuando solo bajo el apremio de las circunstancias. Detrás de los acontecimientos y no antes, en prevención de los acontecimientos.
La eficiente máquina política y sus cuadros directivos, formados en treinta años de lucha, quedaron un tanto sin los motivos galvanizantes de su acción. La gran bandera que congregó a la masa popular , el sufragio libre, era conquista lograda. El proselitismo, función inherente e inseparable a la política, debió acudir a otros resorte. Y se descendió del plano idealista, a la “ política del servicio personal”, la conquista de voluntades no por motivos atinentes al país, al orden público, sino por servicios, atenciones, empleos, favores lícitos o ilícitos, afectos, amistades. En lugar de enaltecer el espíritu cívico de cada ciudadano, se involucionó, trastocando las razones cívicas, por otras de tipo personal que implicaban una corrupción encubierta del voto, función eminente de la ciudadanía, para ser ejercida con la visión exclusiva del interés nacional. El partido nació para obtener, purificar y prestigiar el sufragio. La política del servicio personal desjerarquiza y desprestigia al sufragio y desjerarquiza todo lo que de ella parte. Los ciudadanos dejan de ser tales, en el concepto cabal del vocablo, para transformarse en meros votantes. La ciudadanía pasa de ser la alta dignidad de una democracia, a un bien intercambiable por otros, efectivos o afectivos. Se ha dicho que la teoría democrática reposa en la ficción del desdoblamiento de la persona en el hombre y en el ciudadano. El primero con una voluntar individual dirigida por sus intereses y sentimientos de índole personal: el otro, con una voluntad general, inspirada en el bien colectivo. El entrelazamiento de esas “ voluntades generales” es la esencia de la ciudadanía y su exteriorización y motivación, el método de la democracia política.
Los cuadros activos del partido, en su gestión preponderante, no se dirigieron a la “ voluntad popular” de los argentinos, sino a su “ voluntad individual” subversión y negación democrática.
Las consecuencias de esta política, realizada muchas veces de buena fe, sin analizar sus resultados corruptores, fueron extraordinarios y precipitaron la caída del partido. A sus puestos directivos llegaron en mayor proporción quienes disponían de “ capital político”, con prescindencia de su autenticidad radical, de sus cualidades morales e intelectuales y de la aptitud para el ejercicio de la función. El plantel dirigente se fue inferiorizando, los militantes que desplegaban mayor actividad en recorrer los campos, apadrinar bautismos, prestar su colaboración a los humildes en los instantes difíciles, gestionar ventajas en la administración, curar a los enfermos, defender a los procesados, conquistaban múltiples y cálidas adhesiones que les permitían realizar una carera política, al margen de causales realmente políticas. Y entre ellos legaron, como es dable suponer, muchos que no actuaban movidos por la pasión pública sino por el cálculo de obtener un capital político, traducido en honores o cargos.
En síntesis: los cuadros dirigentes partidarios no reflejan fielmente el pensamiento del radicalismo, y los acontecimientos de los últimos años, están acentuando la desconexión entre ellos y éste, porque no son elegidos en función de problemas políticos, de criterios sociales o económicos-como cuadra a una agrupación democrática- sino de simpatías, servicios o intereses; vale decir que no constituyen, en la mayoría de los casos, la expresión política de sus afanes e inquietudes cívicas- con las que pueden o no coincidir- sino el resultado de una tarea de captación de voluntad.
El régimen de la política del servicio personal y de exclusión del pueblo en la vida partidaria realiza una selección a la inversa, elimina los hombres con vocación política y frustra a los que quedan, aniquilando sus aristas ponderables. Sus exponentes parecen fortísimos y son, en verdad, tan débiles, que constantemente deben claudicar en el ejercicio de su ministerio político. Son víctimas de su origen. No constituyen la expresión de corrientes de pensamiento claro. No hay identidad entre su opinión y la de sus mandantes. Su respaldo no nace de la coincidencia de sus puntos de vista y los de sus comitentes, sino de una serie de relaciones sin motivación política.
Esta categoría de seudo-políticos, que pululan en nuestro partido ha retardado el ritmo del progreso argentino. Estos, a que me refiero, no marchan delante de la columna. Van detrás esperando que la columna por sí sola determine su rumbo. Hasta ha aparecido una palabra aplicable: su función es “ auscultar” lo que piensa el pueblo. No tienen que promover soluciones. Ese era oficio de Sarmiento, que no contaría ahora con capital político. Las decisiones del pueblo ante sus angustias deben producirse por generación espontánea. Y cuando la opinión pública, en lerdo proceso por falta de directores, llega a definiciones, ellos entonces, magníficamente, conceden. Así se invierte y anula la misión creadora de la política. Menos “ auscultadores” y más líderes auténticos reclama el radicalismo.
Estar reflexiones no son originales ni agotan el análisis de la realidad partidaria,( corresponden a un discurso de Moisés Lehbenson) pero justifican porque día a día, verdaderos radicales se alejan del partido buscando nuevos lugares desde donde seguir haciendo política.
Quienes ingresamos al radicalismo por convicción, seguramente no dejaremos de ser radicales. La cuestión es si el radicalismo sigue expresandose a través del partido.

RUBEN OSCAR TAGLIAFERRI

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Desde 1983 he transitado la gestión pública comunal y municipal, así como también he participado de equipos de trabajo provinciales en el área legislativa En cuanto a mi filiación política, pertenezco a la UCR desde el año 1974, entendiendo que este partido debe ubicarse junto a los diversos partidos y movimientos progresistas que existen en nuestra sociedad. Nació como movimiento popular, y nunca debió dejar ese lugar.

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